Sagunto, 1901, Madrid 1999 A los tres años pierde la vista como consecuencia de una epidemia de difteria y a los ocho inicia en Valencia los estudios musicales de Solfeo, Violín y Piano, y más tarde Armonía y Composición con los maestros Francisco Antich, Enrique Gomá y Eduardo Chavarri. Sus primeras composiciones datan de 1923. En 1927 se traslada a París e ingresa en la Escuela Normal de Música para estudiar Composición con Paul Dukas, quien demuestra una especial predilección hacia su discípulo. Pronto se da a conocer como pianista y compositor en los ambientes musicales parisinos y entabla amistad con Ravel, Milhaud, Honneger, Stravinski y Manuel de Falla. En 1940 tiene lugar en Barcelona el estreno mundial del “Concierto de Aranjuez” para guitarra y orquesta, primera de sus obras que le daría fama universal y claro ejemplo de su personalidad. Rodrigo se mantiene fiel a una estética que él mismo gustaba denominar “neocasticismo”, practicando la tradición tonal, el gusto por las formas clásicas e incorporando elementos cultos como forma de unión entre la tradición española y el presente. Conoce las más modernas estéticas europeas, pero afirma su propia personalidad. La música de Joaquín Rodrigo representa un homenaje a las distintas culturas de España ya que se vale como fuente de inspiración de las más variadas manifestaciones el alma, de su país, desde la historia de la España romana hasta los textos de los poetas contemporáneos. Ha enriquecido todos los géneros, pero quizás sea el compositor de nuestro siglo a quien más debe la estética del concierto. Ha cultivado especialmente la canción, a la que ha dado un lenguaje nuevo y universal, creando obras maestras como “Cántico de la esposa” o los “Cuatro madrigales amatorios”. Sus obras para piano solo bastarían para situarlo en primera línea, pero además, su creación instrumental abarca importantes composiciones para violín, cello y flauta. Hay que destacar además la aportación de Joaquín Rodrigo al repertorio para guitarra, que ha sido definitiva, pues ha logrado su dignificación e internacionalización como instrumento de concierto. Desde el año 1940 las distinciones, honores, homenajes y Festivales se han venido sucediendo ininterrumpidamente. Miembro numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1950) y de otras academias, así como Doctor Honoris Causa por diversas universidades de España y del extranjero, recibió, entre otros galardones, la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio (1953), la Legión de Honor concedida por el Gobierno francés (1963), la Gran Cruz del Mérito Civil (1966), el Premio de la Fundación Guerrero (1990), y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (1996). En 1991 el Rey Juan Carlos I le otorgó el título nobiliario de Marqués de los Jardines de Aranjuez “por su extraordinaria contribución a la música española a la que ha aportado nuevos impulsos para una proyección universal”.